Enciclopedia

Enciclopedia del vino


• Cepas Tintas   • Cepas Blancas • Vino en el Mundo


8° país del mundo por su superficie, la Argentina se extiende a lo largo de 3700 km desde el Trópico de Capricornio hasta Tierra del Fuego. Limita al Norte con Bolivia y Paraguay, al Noreste con Brasil y Uruguay y al Oeste con la cordillera de los Andes que la separa de Chile.

Los primeros viñedos fueron creados a mediados del siglo XVI por misioneros y conquistadores venidos del Perú y de Chile, al pie de los Andes, en la actual provincia de Mendoza, que sigue siendo hoy en día la principal región vitivinícola argentina.

En el siglo XIX, después de la Independencia y de la construcción del ferrocarril Buenos Aires – Mendoza, los viñedos andinos tomaron mayor importancia y olas sucesivas de inmigrantes italianos, españoles y franceses trajeron cepas de sus países de origen.

La Argentina ocupa hoy el 5° lugar mundial de los países productores de vino detrás de Italia, Francia, España y Estados Unidos.

El consumo pasó de 90 litros / habitante en 1980 a 38 l/ hab. hoy. Pero esta baja del consumo local fue acompañada por un aumento espectacular de las exportaciones: llegaron a 882 000 hectolitros en 2001, comparadas con un promedio de 220 000 hl anuales en los años 1980.

El centro de la industria vitivinícola, con 70% de la producción total de vinos argentinos, es la provincia de Mendoza, ubicada a 950 km de Buenos Aires. La mayor parte de los viñedos están en los valles de los bajos Andes. Al sur de la ciudad de Mendoza Capital se encuentran 2 zonas de mayor altura con clima más fresco: Maipú y Luján de Cuyo, donde se cultivan cepas nobles, en particular el Cabernet Sauvignon y el Malbec. Al Oeste, a los pies del monte Tupungato, el Chardonnay y el Merlot son muy buenos.

San Juan, 2° provincia vitivinícola de la Argentina, es más cálida que Mendoza. San Juan produce pocos vinos de gran calidad, pero muchos vinos de calidad media y una gran cantidad de mosto concentrado.
En Salta, los viñedos están a 1700 m de altura, con buena calidad de cepas blancas.
Una provincia vitivinícola emergente es Río Negro, en la Patagonia, con 6% de la producción nacional total. Es ideal para el cultivo de cepas blancas.


Un país que atrae a los inversores

En lo relativo las inversiones en los procesos de producción, dos elementos marcaron particularmente la historia vitivinícola reciente en la Argentina : la renovación espectacular de las herramientas y material de vinificación y la atracción de inversores extranjeros por el potencial de los viñedos argentinos. Estos dos fenómenos están por supuesto relacionados.

La francesa Moët et Chandon fue la primera en interesarse por el potencial argentino a fines de los años 1950.
Mucho más tarde, Pernod-Ricard adquirió Etchart en 1996 y el grupo portugués Sogrape compró Finca Flichman en 1998.

Las compras de tierras vitivinícolas por parte de productores franceses, chilenos y americanos no paró de crecer. Podemos citar a los hermanos Jacques y François Lurton, Michel Rolland, la familia d’Aulan, y los chilenos Montes y Santa Carolina. Y este movimiento apunta tanto a la producción de vinos que ofrecen una excelente relación calidad/precio y destinados a los mercados internacionales como a la muy alta gama. El ejemplo más mediático es la colaboración entre Chateau Cheval Blanc y Terrazas, filial argentina de Moët et Chandon, para la producción del gran vino Cheval des Andes.


Clima y relieve

Por su extensión geográfica y su altura, la Argentina ofrece una gran variedad de climas que van desde el tropical en en Nordeste al polar en el extremo Sur.

Las amplitudes de temperatura intrarregionales son importantes.
La tasa de humedad y las temperaturas aumentan del Sur hacia el Nordeste.
El relieve argentino es principalmente el de una vasta llanura sedimentaria, y los viñedos se ubican al pie de la cordillera de los Andes mayoritariamente.

Los viñedos suben hasta alturas de 1600 m encima del nivel del mar, lo que compensa los excesos de un clima que sería caluroso y seco.


Las cepas y los estilos de vino

Dos de las cepas heredadas de la colonización, la Criolla Grande y la Cereza, ocupan juntas un tercio de los viñedos argentinos y proveen enormes volúmenes de vino rosado.

Entre las cepas destinadas a la producción de vinos tintos, el Malbec se convirtió en la cepa más cultivada en la Argentina, donde ofrece lo mejor de sí mismo. El Bonarda, de origen italiano, ocupa actualmente el 2° puesto. El Cabernet Sauvignon está en progreso espectacular por la demanda de los mercados internacionales. El Syrah se convirtió en algunos años en la 4° cepa tinta. Los inmigrantes italianos, además del Bonarda, introdujeron otras cepas tintas como el Barbera, el Dolcetto y el Sangiovese. El Tempranillo español, aunque esté en baja, sigue jugando un papel digno. En cuanto al Pinot Noir, las superficies que se le dedican siguen siendo reducidas, lo que demuestra que es una cepa difícil de controlar en climas más cálidos.

La cepa blanca más interesante es el Torrontés, que engendra vinos vivos y aromáticos, a veces agradablemente picantes. El Pedro Ximenez y el Muscat siguen siendo unas de las cepas blancas más comunes, aunque están en baja. El Chardonnay está escalando posiciones desde 1990. Se cultivan también otras cepas blancas como el Sauvignon Blanc y el Viognier.

La conversión de los viñedos argentinos hacia una producción de calidad fue rápida, y el movimiento se aceleró en los últimos 15 años. Hoy 50% de la superficie cultivada está dedicada a cepas de calidad.

Fuente : LE PETIT LAROUSSE DES VINS